Cómo y por qué exfoliar la piel

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Primero es lo primero

La información que publico hoy es parte de lo que he aprendido gracias al trabajo de divulgación que hacen profesionales como Cristina Carvajal, Gema Herrerías y Verónica Vivas. En medio de la sobreinformación (y malinformación) que tenemos hoy en internet, vale la pena resolver nuestras dudas con aquellas personas que realmente tienen la preparación para hacerlo y hacer de ellos nuestros referentes en el tema. Gema es Licenciada en Farmacia por la Universidad de Granada, y además una de las mayores referentes en Dermocosmética en España. Ha publicado recientemente un manual increíble, La guía definitiva para el cuidado de la piel, que todo profesional de  la piel, cosméticos y dermofarmacia debería tener para consultas. Cristina es Ingeniera Química por la Universitat Politècnica de Catalunya y máster en Cosmetología y Dermofarmacia por la Universitat de Barcelona. Ofrece en su libro Skintellectual una guía sencilla y práctica enfocándose en la ciencia de la cosmética para entender nuestros productos, dejando de lado el marketing. Verónica es licenciada en Farmacia por la Universidad de Granada, autora de un blog estupendo sobre cosmética real y deberíais seguir su trabajo también en Instagram, que es maravilloso.

Dicho esto… a por el tema.

¿Por qué exfoliar la piel?

La piel tiene su propio proceso natural en el que las células nuevas van reemplazando las viejas, que están al final de su ciclo y quedan en la superficie de la piel y se desprenden. Sin embargo, con el paso de los años este proceso de renovación se ralentiza y la células muertas suelen acumularse haciendo que la piel se vea apagada o con textura. Cuando exfoliamos la piel nosotros mismos, ayudamos a desprender la acumulación de células muertas y estimulamos este proceso de renovación celular. Así mejora la textura de la piel y además permite que los tratamientos actúen y penetren mejor. Por otro lado, exfoliar correctamente la piel ayuda a evitar la acumulación de quetatina en los folículos, que pueden quedar bloqueados y aparezcan granitos.

¿Cada cuánto hace falta exfoliar?

En la mayoría de los casos es suficiente una vez por semana, en algunos casos dos, eligiendo el exfoliante adecuado según el estado de la piel. También existen productos de uso diario, como algunos limpiadores y lociones con componentes exfoliantes en fórmulas más suaves, que permite exfoliar la piel de forma diaria de manera delicada.

Tipos de exofliantes ¿cuál es mejor?

El mejor exfoliante será siempre el más adecuado para el estado de cada piel. Los hay de tres tipos:

Exfoliantes físicos

Son aquellos que quitan la acumulación de corneocitos muertos mediante pequeñas partículas, gracias a la fricción que hacemos al masajear la piel. Estas partículas pueden ser de polvo de semillas, arcillas, hueso de frutas, polvo de cáscara de semilla de algodón, polvo de cáscara de gamba, de huevo, de sílice. También hay partículas de plástico (polyethilene), que aunque son muy respetuosas con la piel y efectivas, son parte del problema medioambiental que tenemos hoy con los plásticos, por lo que muchas empresas han dejado de usarlas, y están prohibidas en algunos países como Reino Unido. No son nada recomendables los exfoliantes con sal o azúcar, ya que aunque no lo veas, tienen aristas y pueden “arrancar trozos” de corneocitos juntos, que taponan los poros y hace que se formen granitos. ¿No os ha pasado nunca que después de un peeling con partículas que rascan bien, os han salido granitos a los dos días? He ahí la razón… Mejor usar productos con partículas muy finas tipo polvo, y ser delicadas. No se trata de “frotar” ni “lijar” sino de masajear con suavidad. Mi preferido de este tipo es la Crema Exfoliante Desincrustante de Caudalie (19€). Para pieles con acné, es prefetible evitar los exfoliantes físicos, ya que podemos arañar las pústulas y dañar todavía más la piel.

Exfoliantes químicos

Son lo que usan compuestos que ayudan a desprender las uniones de los corneocitos muertos, y así acelerar su eliminación. Son la mejor opción para prevenir puntos negros (sebo oxidado y células muertas que taponan el poro) o la «textura» que a veces causan los puntos blancos (parte visible de los filamentos sebáceoas, el sebo que de forma natural se encuentra en el folículo, porque esa es su función). Además, algunos de estos compuestos son beneficiosos para estimular la formación de nuevas células, de colágeno, etc. por lo que también pueden tener efectos antienvejecimiento, incluido el tratamiento de manchitas. Los exfoliantes químicos suelen ser de concentraciones bajas para poder usar en casa, o bien en concentraciones altas que se realizan por un profesional en centros de medicina estética.

Uno de los más conocidos es el ácido glicólico, que proviene de la caña de azúcar y forma parte de la familia de los Alfahidroxiácidos (AHA). Es importante empezar a usarlo en concentraciones bajas para no irritar la piel al principio, aunque es normal notar cierto cosquilleo al aplicarlo. Es muy efectivo para tratar el acné y algunos signos de envejecimiento. El ácido láctico, que proviene de la leche y también es un AHA, es muy parecido pero además ayuda a mantener la piel hidratada.

Si no toleras bien los ácidos, el ácido mandélico, proviniente de la manzana, es más recomendable ya que exfolia pero no irrita.

Algunos ejemplos son el Tónico Glow de PIXI (23,95€), Mandelic Acid 10% + HA de The Ordinary (6,80€) y el 10 AHA Peeling Serum de Gema Herrerías (29,90€).

También está el ácido salicílico, (no confundir con el acetilsalicílico de las aspirinas, no es el mismo), que es de la familia de los Betahidroxiácidos (BHA), ayuda a renovar la piel y mantener los poros limpios. Mejora la textura de la piel, aunque más a nivel superficial, no como los anteriores. Combinado en una misma fórmula con otro tipos, como el azelaico, es una maravilla, como en la loción diaria  5-Azelaic-S de Gema Herrerías que me tiene enamorada, porque exfolia suavemente a la vez que ayuda a tratar manchitas.

Es recomendable usar estos exfoliantes químicos en la rutina de noche y por temporadas, en lugar de “para siempre”, y no dejar de usar protección solar, ya que en ocasiones pueden sensibilizar la piel. Algunas personas ven esto como un inconveniente, pero los resultados lo valen y mucho. Además, ¿quién sigue sin usar protección solar todo el año? 😉

Exfoliantes enzimáticos

Este tipo de exfoliantes son eficaces gracias a enzimas vegetales que provienen de algunas frutas como la piña y la papaya, y funcionan “rompiendo” la unión que hay entre corneocitos muertos y la capa córnea donde están adheridos y no entre sí, como los exfoliantes químicos. Esto facilita que se desprendan, aunque de forma más lenta. Para tratar acné, poros dilatados o aportar luminosidad son muy recomendables. No irritan demasiado y van bien a la mayoría de pieles. Por ejemplo el  Sensitive Skin Enzyme Peeling de Ziaja (4,00€), el Exfoliante Facial BIOMED (13,13€) y el Peeling Enzimático de Gema Herrerías (24,95€).

¿Con cuál me quedo yo?

Personalmente, yo prefiero los exfoliantes químicos y los enzimáticos, ya que los físicos me parecen más agresivos con la piel por causa de la fricción, especialmente con la más sensible. Sólo usaría  uno físico en casos muy puntuales cuando hay bastante textura para dejar la piel lisa y a partir de entonces usar uno químico o enzimático como prevención/mantenimiento. Aunque parezca que la palabra «químicos» es algo así como el demonio, nada más lejos de la realidad, ya que este tipo de exfoliantes tienen además algunos beneficios antienvejecimiento, y usando la concentración correcta no son agresivos y los resultados son maravillosos.  Los enzimáticos actúan más lentamente y a la mayoría de pieles les viene muy bien. Ahora mismo estoy usando la loción diaria 5-Azelaic-S de Gema Herrerías y semanalmente el Peeling Enzimático de Ziaja.

¿Cuál es vuestra experiencia? ¿Con qué exofliantes os quedáis?

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